17 Jan

LAS BODAS DE CANA

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En todas las culturas sabemos la emoción que provoca la celebración de una boda, porque es uno de esos tiempos privilegiados en que está toda la familia, amigos y comunidad juntos. No es solamente un evento social significativo, es la celebración del regalo de fe que es el Sacramento del Matrimonio, compartido con la comunidad a manera de festejo.

Nuestra iglesia nos enseña que el matrimonio entre un hombre y una mujer es un pacto, de la misma manera Israel ha hecho un pacto con el Señor, entre Jesús, el novio y la Iglesia, la novia.

En el evangelio de este domingo, la relación entre Jesús y su iglesia como la novia (la comunidad) fue establecida, iniciada por María, Su madre. Jesús y sus amados discípulos fueron invitados al festejo de una boda en Cana. De manera que el festejo fue transcurriendo entre cantos, bailes y bebida, todo el vino que se tenía para la celebración fue servido. El vino, en la cultura judía, es algo muy importante. Simboliza la alegría, el gozo, la presencia de abundancia y un futuro lleno de promesas.

En esta boda, ¡el vino se terminó! Ha llegado el tiempo de que las promesas se cumplan. El tiempo para un nuevo vino, un nuevo espíritu y una nueva vida ha llegado. María, la madre de Jesus, sabía las necesidades de la comunidad. Ella le hizo saber a su hijo sobre lo que necesitaban. Rápidamente le dijo a su hijo Jesus “no tienen vino.” Jesus contesto, “mi tiempo no ha llegado.”

No obstante, María, con profunda fe en su hijo les dijo a los que servían “hagan lo que sea que Él les diga.” A continuación, la primera señal milagrosa que Jesús realizara empezó en esta fiesta a petición de María. La transformación del agua en vino, el signo fue, al llenar los recipientes con agua, la manera de traer plenitud a la vida. Es la madre de Jesús, quien inició el cumplimiento de las promesas y trajo la esperanza y la confianza que mantiene unida a la gente.

Así fue. Y así sigue siendo. Continuemos poniendo nuestra confianza en Jesús como lo hizo María. Cuando a las familias se les acabe el “vino” debido a circunstancias como la enfermedad, el desempleo y otras dificultades (Papa Francisco), permitámonos no perder nunca la esperanza, confiemos en que Jesús trabajará maravillas en nuestras vidas y cambiara las lágrimas de tristeza en un vino de alegría y amor.

Así fue, y así sigue siendo hasta hoy.

Fr. Gleen Carpe

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