3 Aug

DECONTAMINATE YOURSELF / DESCONTAMINATE / Rev. Wilson Cuevas, Pasto

DECONTAMINATE YOURSELF

There is a legend that says that Pandora, a woman from Greek mythology, took a mysterious box to Earth that contained all the evils.

When the box was opened all the evils were dispersed throughout the world and only hope remained in the box. The heart of man seems like that fatal box. “From him come bad intentions, fornication, homicides, greed, envy, injustice…But that heart still has hope? Environmental contamination is born of smokestacks, noxious gasses, waste, industrial residuals that can poison man. Moral contamination travels in reverse. It is born in our hearts and contaminates our cities, our enterprises, churches, schools, countries, factories, professions, and businesses.

On the contrary, the calling of the baptized consists of guiding all creation towards the common good, towards salvation. The water, oil, the bread, the minerals, the air, the fruits of the plants, the stars, the unexplored world of space and the ocean will have the power of salvation from man. Sadly, we also possess the capacity to contaminate the universe with our sin and egotism. St. Paul explains it to the Roman Church: If creation sometimes produces the bad, it is not its fault, but man’s who has deviated from the straight paths. Be fair not only by appearances. Although no one wants to declare himself to be a hypocrite. Nevertheless we all are a bit hypocritical in our behavior. Someone could say:

“He is a gentlemen”, An excellent lady”, but…what about the heart?
Christ can create in us a new heart. David, after his adultery and homicide, prayed to the Lord humbly: “Oh God, create in me a new heart, a broken and humbled heart that you do not despise…” Because
inside every heart, even the most lost, hides always this joyful hope: Jesus is my Savior!

Blessings, Rev. Wilson Cuevas, Pastor

 

DESCONTAMINATE

Narra una leyenda que Pandora, una mujer de la mitología griega, llevo a la tierra una caja misteriosa que contenía todos los males. Cuando la caja fue abierta todos los males se esparcieron por el mundo y solo quedo dentro la esperanza.

El corazón del hombre se parece a esta caja funesta. “De él proceden los malos propósitos, las fornicaciones, los homicidios, las codicias, la envidia, la injusticia… ¿Pero ese corazón guarda todavía la esperanza?

La contaminación ambiental nace del humo de las chimeneas, de los gases nocivos, de los desechos, los residuos industriales y puede envenenar al hombre. La contaminación moral viaja al revés. Nace de
nuestro corazón y va intoxicando las ciudades, las empresas, las iglesias, las escuelas, los campos, las fábricas, las oficias, los negocios.

Por lo contrario, la vocación del bautizado consiste en orientar toda la creación hacia el bien común, hacia la salvación. El agua y el petróleo, el pan, los minerales, el aire, los frutos de las plantas, las estrellas y

el mundo inexplorado del espacio y del mar tendrán por el hombre, un poder de salvación.

Pero poseemos a la vez la triste capacidad de contaminar el universo con nuestro pecado y egoísmo. San Pablo lo explica a la Iglesia de Roma: Que si la creación algunas veces produce el mal, no es culpa suya,

sino del hombre que la ha desviado de los caminos rectos. No ser justos apenas de apariencias. Aunque ninguno quisiera declararse fariseo. Sin embargo todos somos en nuestro comportamiento un poco fariseos. Alguien podría afirmar: “Es todo un caballero”,

“Una excelente dama”, pero… Y el corazón? Cristo puede crear en nosotros un corazón nuevo. David después de su adulterio y homicidio, oro a Señor con humildad: “Oh Dios, crea en mi un corazón
nuevo, un corazón quebrantado y humillado Tu no lo desprecias…” Porque dentro de cada corazón, aun el más extraviado, se esconde siempre esta gozosa esperanza: ¡Jesucristo es mi Salvador!

Bendiciones, Rev. Wilson Cuevas, Pastor

 

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